Escribo en el único pedazo de hoja blanco que queda en mi escritorio repleto de cuadernos, cuentas, biromes de colores y mi taza de gaturro:
que no soporto los sonidos de las personas que me rodean. Y no es que pobres tengan voces de pito o molestas, sino que en días como hoy el sonido de las palabras te entra por los oídos y te taladra las orejas hasta que se te seca la mente.
No soporto el gusto del te de la maquina, que si cerras los ojos y lo oles, juras que es pis de gato. Un ashco, si.
No soporto el sol que entra por las ventanas desde la reserva y la gente que anda libre por la vida sin tener que pensar, o trabajar o tipear cualquier cosa frente a una compu.
En días como hoy el corderoy del pantalón gris que te pusiste te pica en la panza y los miedos que están ahí guardados invaden tu espacio. El pelo larguísimo se te enreda por adentro del suéter demasiado apretado. Tanto que no te deja respirar, y te infla y te asfixia. Y te vas.
jueves, 5 de mayo de 2011
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