jueves, 24 de febrero de 2011
La Montaña
Comí pan integral con miel. A la noche cené el mismo pan pero con queso y tomate. Metimos todo al horno y fue. Comimos hasta no dar más. El hombre que cura amasó el pan y le tiro avena y muchas semillas. Anduvimos descalzos, yo recorría la casa en shorsito y corpiño, él me miraba. Mucho. Todo muy zen nosotros dos. El mate lo hacemos con yerba playadito, mucho yuyo y que no se hierva, ni da agregarle chorrito de agua fría. Nos dormimos tarde. Doy vueltas preocupada, sueño pesadillas. A la noche me vienen los miedos. Miedo a mí, a encontrarme de nuevo atrapada y no poder salir. A sentir un pie sobre la cabeza, como en los sueños cuando me parece que me estoy ahogando y quiero subir a repirar, pero algo o alguien me retiene. Me despierto agitada, sin aire. Miedo al dolor de cráneo, que te aprieta el cerebro y te persigue hasta que vomitas. A los días vacios, sin resto más que ojos rojos de llorar. Pero de repente se da que quizás, tal vez, por un segundo, él me abraza, y todo lo demás está afuera. yo adentro soy feliz.
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