El 2010 fue oscuro. Vos te diste cuenta, algo se abrió adentro mío. Algo increíblemente doloroso que siempre estuvo ahí salió a la superficie. Lloré, soñé pesadillas, di vueltas en la cama, volví a llorar, grité histérica and so on. Y así pasaron los meses cada vez peor. Tu maldad seguía creciendo, te fortalecía verme asi (¿?) “mirate, estas muy mal” me decías como en canchero, relajado. Te acordas? Y Yo en pleno ataque llorando a moco suelto. Después me abandonabas, cualquier escusa barata te iba bien para irte a la mierda. Sufría por lo pasado, lo presente, que no eran igual pero si la misma cosa.
Tu egoísmo, de tan extremo que fue, liberó los dolores, lo negado, la herida, viejos conocidos que estaban en mi desde que tengo memoria. Y el sólo hecho de su aparición, y el de quedarme en contacto con ellos, cura. Restaura de a poco la pérdida de la amplitud emocional que había olvidado.
Esa Magdalena débil, con un agujero mal cerrado que la estaba desangrando, tenía que morir. Yo te elegí para matarla. Ya hace mucho mi Magdalena interior, la más sabia de todas, se dio cuenta que me ibas a clavar el puñal. Y también que sólo después de ese dolor de muerte podía volver a nacer.
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