Fuimos a milonga sobre avenida Córdoba casi llegando a Serrano. El lugar parecía un club de barrio, sólo que con muchas mesas y el fernet a 20p. Bailé de todo. Bailé con pucho, un señor de setenta y ocho años que me dijo cosas como “Sos muy adelantadita vos” o “Hace falta que te fajen”.
Bailé con chico alto y giramos a lo loco tipo calesita desquiciada. Casi vomito.
Se acercó hombre canoso, parecido a Lavié. Te animas a una milonga? Yo con jeans y remera verde cortita, panza al aire, zapatos cualquiera no de tango. Él con campera de cuero, camisa blanca desabrochada hasta el tercer botón, y la mirada más triste que vi en meses. Había ido para acompañar a su hija me dijo, porque no le gustaba que ande sola por ahí. Imaginé que la mujer los había abandonado, dejándoles un vacio en el pecho que trataban de llenar en bares y milongas.
Me agarró fuerte, mucha pirueta. “Juntá las piernas, dale dale, dejate llevar. Vas a bailar bien vos. Yo sé lo que te digo. Afloja la mano, soltate”. Dos fernets al hilo y te moves diferente. Cuando me estaba yendo lo escuché decir “me tenes a mal traer, milonguera”
Esa noche soñé con con la mujer que los dejó. Habrá encontrado lo que se fue a buscar?
miércoles, 23 de febrero de 2011
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