Camila lo mira raro. No lo entiende. Él es pura ausencia. A la noche se va a ver televisión, y si ella en un acto de amor y sacrificio se sienta a su lado a ver a Tinelli, él se va a la compu a escuchar cumbias de la nueva luna. Esas cumbias que son parte de su vida sin ella. Que la dejan tan afuera de todo. Desde hace meses que no hace más que llorar y buscar respuestas que no aparecen.
Ese jueves Camila volvió a su casa más temprano de lo normal. El lugar que habían compartido por tres años, llenos de amor desamor y discusiones enfermas que la estaban matando, ya no existía. En vez del edificio gris de tres pisos, había una casa antigua pintada de verde fosforescente con las puertas violetas, y en el frente una reja color naranja. No lloraba más. Intento abrir pero no tenía llave.
Será que el tiempo nos cambió tanto…
miércoles, 26 de enero de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario